Comidas que hidratan: qué incluir en tu dieta cuando el calor aprieta

Cuando las temperaturas suben, nuestro cuerpo también cambia. Nos movemos menos en las horas centrales del día, sudamos más y, en muchos casos, el apetito disminuye. Es algo completamente normal: el organismo intenta adaptarse al calor y gastar la menor energía posible en procesos que generan más temperatura corporal, como las digestiones pesadas. 

Por eso, la alimentación en verano suele pedir platos más ligeros, frescos y fáciles de digerir. Pero cuidado: comer ligero no significa comer menos ni renunciar a una alimentación equilibrada. La clave está en elegir alimentos que aporten agua, nutrientes y energía de forma adecuada para esta época del año. 

¡Veamos qué alimentos pueden ayudarnos a sentirnos mejor durante los meses más calurosos! 

¿Qué le ocurre al cuerpo cuando hace mucho calor? 

El principal mecanismo que tiene el cuerpo para regular la temperatura corporal es la sudoración. Cuando sudamos, perdemos agua y también pequeñas cantidades de minerales como sodio, potasio o magnesio. 

Si estas pérdidas no se compensan, pueden aparecer síntomas como: 

  • Cansancio.  
  • Dolor de cabeza.  
  • Sensación de debilidad.  
  • Menor capacidad de concentración.  
  • Mareos o sensación de agotamiento.  

Además, el calor suele modificar nuestros hábitos. Comemos a horarios diferentes, realizamos más actividades al aire libre y, en vacaciones, es habitual que cambien las rutinas. Todo ello puede hacer que la alimentación se vuelva más irregular. 

Por eso, priorizar alimentos con un alto contenido en agua puede ser una estrategia sencilla para complementar la hidratación diaria. 

Más allá del agua: los alimentos también hidratan 

Cuando pensamos en hidratación, lo primero que nos viene a la cabeza es beber agua. Y con razón: sigue siendo la bebida de referencia durante el verano. 

Sin embargo, una parte importante del agua que consumimos procede también de los alimentos. 

Las frutas, verduras, hortalizas y algunos platos fríos aportan una cantidad significativa de agua junto con vitaminas, minerales y fibra. Esto ayuda a mantener una buena hidratación y, además, favorece comidas más ligeras y refrescantes. 

En verano resulta especialmente interesante aprovechar los productos de temporada, que suelen encontrarse en su mejor momento de sabor y calidad. Si quieres ver todas las ventajas de los alimentos de temporada de casa estación, abre el link y descúbrelo. 

Qué alimentos conviene priorizar cuando el calor aprieta 

Más que elaborar una lista interminable de alimentos, merece la pena entender qué características buscamos en cada uno de ellos: 

Frutas y verduras frescas 

Las frutas y verduras suelen ser las protagonistas del verano por una razón sencilla: contienen una elevada proporción de agua y aportan vitaminas y minerales, además de fibra y antioxidantes. 

Ya te contamos en el blog cuáles son las frutas y hortalizas de verano, pero por poner un ejemplo, son el tomate, el pepino, el calabacín, el melón, la sandía o el paraguayo, entre otros. 

Lo ideal es comer la fruta fresca, sin procesar en forma de zumos. Las hortalizas, en cambio, pueden consumirse tanto en ensalada, como cocidas, o trituradas como en un gazpacho o salmorejo de verano. 

Proteínas fáciles de digerir 

Durante el verano muchas personas sienten menos apetito hacia platos muy contundentes. Las proteínas siguen siendo necesarias, pero puede resultar más cómodo incorporarlas mediante opciones ligeras, como: 

  • Pescado.  
  • Huevos.  
  • Legumbres en ensalada.  
  • Yogur natural.  
  • Queso fresco.  
  • Pollo o pavo en preparaciones ligeras.  

Bebidas refrescantes  

Aunque el agua debe ser la bebida principal, no es el único líquido o bebida que podemos beber para hidratarnos.  

Ya hemos hablado del gazpacho, una bebida que además de agua nos aporta las propiedades de sus hortalizas. 

La leche o el yogur líquido, bien frío, también son opciones muy interesantes, que aportan proteínas de alto valor biológico, y calcio. 

Otras opciones son las infusiones, los tés fríos o las aguas aromatizadas con frutas. Son maneras de hacer bebidas refrescantes alejadas de opciones con azúcar añadido. En nuestro blog tienes ideas de recetas de refrescos naturales, ¿te animas a probarlos? 

Cómo crear comidas completas y refrescantes 

En verano, los platos fríos y las ensaladas apetecen más que nunca. Eso sí, el equilibrio nutricional debe mantenerse. Idealmente, cada comida debería incluir hortalizas, alimentos que aporten hidratos de carbono, y alimentos proteicos. ¡Te damos algunas ideas para llevarlo a la práctica de manera fácil! 

La fórmula de la ensalada completa 

Si apuestas por las ensaladas como plato único, recuerda que debe ser mucho más que unas hojas verdes. Para que sea completa, debes combinar: 

  1. Una base vegetal: lechuga, espinacas, rúcula o canónigos.  
  1. Hortalizas del verano: tomate, pepino, zanahoria o pimiento.  
  1. Una fuente de proteína: legumbres, atún, huevo o queso fresco.  
  1. Hidratos de carbono: algo de pasta, cuscús, arroz integral, quinoa o patata cocida fría.  
  1. Grasas saludables: aceite de oliva virgen extra, aguacate, aceitunas o frutos secos.  

Si a esta ensalada le sumamos una fruta fresca, obtenemos una comida equilibrada, refrescante y saciante. Si buscas más inspiración, puedes consultar estas propuestas de ensaladas y picoteos para verano. 

Platos fríos que funcionan 

¡No todo tiene que ser ensalada! También pueden ser interesantes: 

  • Gazpacho o salmorejo o cremas frías de verduras como entrantes. 
  • Tostas con vegetales y proteína, o bowls con arroz, verduras y pescado como plato único. 
  • Yogur con fruta fresca y frutos secos como desayuno o merienda. 

Comer ligero no significa comer menos o comer peor 

El verano invita a simplificar las comidas, pero eso no implica descuidar la nutrición. Elegir alimentos ricos en agua, incorporar frutas y verduras de temporada, apostar por platos frescos y mantener una hidratación adecuada son estrategias sencillas que ayudan a sentirse mejor cuando el calor aprieta. 

La clave está en escuchar al cuerpo y adaptar los menús a las necesidades de cada momento. ¡Disfruta del verano, también desde el plato! 

 

 

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